COMENTARIO: Todos los caminos conducen a la consecución de mejores derechos humanos
                 Spanish.eacef.js.cn | 2021-03-24 13:55:37

BEIJING, 24 mar (Xinhua) -- Durante mucho tiempo ha persistido el mito de que hay una mejor manera de proteger y promover los derechos humanos, que es la de Occidente. Esto simplemente no es la verdad.

Los diferentes países tienen diferentes historias, culturas y condiciones nacionales. Por lo tanto, es natural que tengan diferentes enfoques y establezcan varias prioridades en su propia búsqueda de una vida segura, libre y feliz para sus conciudadanos.

Tomemos a China como ejemplo. Con cientos de millones luchando contra la pobreza y el hambre cuando se fundó la República Popular China, la tarea más urgente era mejorar la economía y garantizar que el pueblo chino tuviera suficiente acceso a elementos esenciales para vivir como agua, alimentos y ropa.

A medida que el país se desarrolle, China se encuentra en una mejor posición para satisfacer las necesidades del pueblo de una vida mejor, ofreciendo educación y atención médica de calidad, y empleos mejor pagados, y garantizando un ambiente más amigable y una mayor equidad y justicia social. Cuando estalló el mortal coronavirus, China no escatimó esfuerzos para proteger los derechos del pueblo a la vida y la salud, la cuestión más fundamental de los derechos humanos.

Sin embargo, la filosofía de los derechos humanos centrada en las personas de China ha sido objeto de ataques implacables y sin justificación de parte de algunos países occidentales hipócritas y con aires de superioridad. De hecho, dichas naciones simplemente buscan utilizar el tema de los derechos humanos como una herramienta geopolítica para interferir en los asuntos internos de otros países.

Mientras esos autodenominados "jueces" occidentales intentan sermonear a China y a otros actores sobre derechos humanos, sus propios antecedentes en dicho campo son deplorables. La trágica muerte de George Floyd el año pasado y los recientes asesinatos de seis mujeres asiáticas en Atlanta son un recordatorio constante de la grave discriminación racial y los profundos crímenes de odio en Estados Unidos, un país que, irónicamente, se presenta como defensor de los derechos humanos.

En medio de la terrible pandemia, los derechos de las personas a la vida y la salud en esos países fueron descuidados y privados de manera imprudente. Se perdieron casi 550.000 vidas en Estados Unidos. En Reino Unido, sucumbieron 120.000 personas ante el virus.

La enorme pérdida de vidas humanas y el debate aparentemente interminable sobre el uso de mascarillas y las medidas de restricción también arrojan luz sobre un dilema que enfrentan algunas sociedades occidentales: las libertades individuales o la seguridad de los derechos humanos colectivos.

A principios de la década de 1900, una cocinera llamada Mary Mallon fue identificada como la fuente de brotes de tifoidea en varias familias de Nueva York. Para contener el virus, la mujer, portadora asintomática de la enfermedad, fue puesta en cuarentena por la fuerza durante 26 años. Pasó el resto de su vida en un pequeño hospital con malas condiciones de higiene y murió sola. Su trágica historia representa un ejemplo clásico del conflicto entre la libertad de un individuo y la seguridad de la salud de toda una sociedad.

Nos guste o no, las personas de todos los países están estrechamente relacionadas entre sí como nunca antes en el mundo superinterconectado de hoy. Poner demasiado énfasis en las libertades individuales, como el rechazo a usar una mascarilla en medio de una terrible pandemia por ejemplo, probablemente pondría los derechos de muchos otros bajo un grave peligro.

A lo largo de los siglos, los países occidentales han formado sus propios valores de los derechos humanos, que se ajustan a sus circunstancias históricas y sistemas sociales particulares; pero dichos valores no son perfectos ni universales.

Todos los miembros de la comunidad internacional, especialmente el mundo occidental, deben abstenerse de sermonear a otros sobre los derechos humanos, aprender a respetar las decisiones de los demás y hacer más contribuciones prácticas a la causa internacional de los derechos humanos.

 
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COMENTARIO: Todos los caminos conducen a la consecución de mejores derechos humanos

Spanish.eacef.js.cn 2021-03-24 13:55:37

BEIJING, 24 mar (Xinhua) -- Durante mucho tiempo ha persistido el mito de que hay una mejor manera de proteger y promover los derechos humanos, que es la de Occidente. Esto simplemente no es la verdad.

Los diferentes países tienen diferentes historias, culturas y condiciones nacionales. Por lo tanto, es natural que tengan diferentes enfoques y establezcan varias prioridades en su propia búsqueda de una vida segura, libre y feliz para sus conciudadanos.

Tomemos a China como ejemplo. Con cientos de millones luchando contra la pobreza y el hambre cuando se fundó la República Popular China, la tarea más urgente era mejorar la economía y garantizar que el pueblo chino tuviera suficiente acceso a elementos esenciales para vivir como agua, alimentos y ropa.

A medida que el país se desarrolle, China se encuentra en una mejor posición para satisfacer las necesidades del pueblo de una vida mejor, ofreciendo educación y atención médica de calidad, y empleos mejor pagados, y garantizando un ambiente más amigable y una mayor equidad y justicia social. Cuando estalló el mortal coronavirus, China no escatimó esfuerzos para proteger los derechos del pueblo a la vida y la salud, la cuestión más fundamental de los derechos humanos.

Sin embargo, la filosofía de los derechos humanos centrada en las personas de China ha sido objeto de ataques implacables y sin justificación de parte de algunos países occidentales hipócritas y con aires de superioridad. De hecho, dichas naciones simplemente buscan utilizar el tema de los derechos humanos como una herramienta geopolítica para interferir en los asuntos internos de otros países.

Mientras esos autodenominados "jueces" occidentales intentan sermonear a China y a otros actores sobre derechos humanos, sus propios antecedentes en dicho campo son deplorables. La trágica muerte de George Floyd el año pasado y los recientes asesinatos de seis mujeres asiáticas en Atlanta son un recordatorio constante de la grave discriminación racial y los profundos crímenes de odio en Estados Unidos, un país que, irónicamente, se presenta como defensor de los derechos humanos.

En medio de la terrible pandemia, los derechos de las personas a la vida y la salud en esos países fueron descuidados y privados de manera imprudente. Se perdieron casi 550.000 vidas en Estados Unidos. En Reino Unido, sucumbieron 120.000 personas ante el virus.

La enorme pérdida de vidas humanas y el debate aparentemente interminable sobre el uso de mascarillas y las medidas de restricción también arrojan luz sobre un dilema que enfrentan algunas sociedades occidentales: las libertades individuales o la seguridad de los derechos humanos colectivos.

A principios de la década de 1900, una cocinera llamada Mary Mallon fue identificada como la fuente de brotes de tifoidea en varias familias de Nueva York. Para contener el virus, la mujer, portadora asintomática de la enfermedad, fue puesta en cuarentena por la fuerza durante 26 años. Pasó el resto de su vida en un pequeño hospital con malas condiciones de higiene y murió sola. Su trágica historia representa un ejemplo clásico del conflicto entre la libertad de un individuo y la seguridad de la salud de toda una sociedad.

Nos guste o no, las personas de todos los países están estrechamente relacionadas entre sí como nunca antes en el mundo superinterconectado de hoy. Poner demasiado énfasis en las libertades individuales, como el rechazo a usar una mascarilla en medio de una terrible pandemia por ejemplo, probablemente pondría los derechos de muchos otros bajo un grave peligro.

A lo largo de los siglos, los países occidentales han formado sus propios valores de los derechos humanos, que se ajustan a sus circunstancias históricas y sistemas sociales particulares; pero dichos valores no son perfectos ni universales.

Todos los miembros de la comunidad internacional, especialmente el mundo occidental, deben abstenerse de sermonear a otros sobre los derechos humanos, aprender a respetar las decisiones de los demás y hacer más contribuciones prácticas a la causa internacional de los derechos humanos.

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